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sábado, 1 de noviembre de 2008

Apuntes de La Noria


Si el miedo y la impaciencia son enemigos sin brazos, si no son fuertes ni inteligentes, ¿cómo he podido convertirme en su esclavo? El proverbio budista flota sobre las almohadas de un mundo desprovisto del equipaje que hace falta, y a mí el miedo me parece un infierno de telones que sólo se levantan cuando te veo.

La comprensión generosa entre los seres humanos no es simplemente una cuestión religiosa, sino una condición para sobrevivir. Lo saben, pero se desvían a propósito, hartos de tele, de abusos, de dictados, de mala literatura, de mensajes contradictorios. Yo me acuerdo de lo que te debo y la religión se explica, utópicamente, en el círculo de tu mirada.

Nadie alcanza la meta con un solo intento, ni perfecciona la vida con una sola rectificación, ni alcanza altura con un solo vuelo. Pero el orgullo es la ley de los legisladores; la palabra, motivo de vergüenza, y las medallas se distancian, en una planicie de mediocridad, de la inteligencia real, empeñada en florecer desde abajo. Abróncame mil veces cuando me equivoque. No me gusta parecerme a nadie.

Nadie debe vivir sin cambiar, ver cosas nuevas, experimentar otras sensaciones. Pero erigen la sensación en moneda de poder sobre otros, vapulean la emoción, trocando el cambio en huida, y elevan la experimentación a las cotas que les marca su propia pereza. A mí el cambio, la experimentación y el circo que los vende en este lado del mundo jamás pudo engañarme en tu ausencia.

Con cada pensamiento extiendes la verdad o siembras la mentira, acarreas paz o guerra, amor o miedo. Sorprende pasear con la mente en blanco y observar a la gente hablando sola, peleando sola, gesticulando sola en un combate imaginario. A mí, como a ti, el que sonríe por la calle me parece un casual iluminado.

El éxito o el fracaso dependen de una sabiduría que no funciona influida por la ira. Acorralarla es destino de presidentes y amantes. El nuestro es reírnos de su recuerdo y espantarla con un encuentro más.

martes, 23 de septiembre de 2008

La ley de la seducción


A) No me mires, no tengo tiempo. No me leas, no te acerques, no me sigas porque todo será inútil. Vivo al día, conozco a más gente de la que podrás conocer tú viviendo tres vidas, estoy de vuelta pareciendo más joven y existe una corte entera de otr@s que te preceden. Al verme has caído en la cuenta de lo mal que te vistes, de que te falta rapidez, Listerine, experiencia. No tienes un mal cuenco de pétalos de rosa que esparcir por mi camino; la llave de mi mueble bar vale más que la de tus sueños. Pero ya lo sabías, ¿verdad?. Masoquista que eres.

B)Eso te sienta muy bien. No te olvides. Te voy a contar algo, pero que quede entre tú y yo. Pues claro que me pareces especial. Mañana nos vemos. ¿Puedes congelar un minuto esa sonrisa? Voy a llamar a mi madre; me dijo que lo hiciera cuando me enamorase, ja, ja, ja (brindis).

L M X J V S
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A + A + B + A + B + A = Sexo seguro, futuro con ventanas a la calle. Probabilidad.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Apuntes de La Noria


Una amiga me dice que sabe que no va a encontrar a su pareja entre copas y humo. Entonces, ¿qué coño hace aquí? Nuestra vida es pura rutina y ni siquiera sabemos tomárnoslo a broma; creemos que la trascendencia consiste en poner un buda a presidir la barra de sitios como éste para joderle el Nirvana hablando de lo que creemos echar en falta. Destila la carne, los ojos sondean y el whisky vuela en mil formas, pero la fantasía siempre es la misma: ser elegido. Elegido por alguien que aquilate tu ego, un compañero que sepa construir por minutos la obra de arte de la seducción. Pero este lugar, todo este ambiente está edificado para empezar la casa por el tejado. El sexo está sobrevalorado; quizá mi amiga lo intuye y por eso me suelta la frase a bocajarro. Como si fuéramos pintores o músicos, hombres y mujeres trabajamos la mirada y la conversación en arpegios, esperando el momento, respirando la hora del hechizo final. Cuántas veces lo logramos, cuántas quisimos volver a repetirlo. Sin edad, sin prisas, bailando el mismo vals que bailan las estrellas y el vacío. Perdona, cariño. Hoy casi que me voy a casa.