-Bueno, bueno, calma, vamos a ver. Respire y empiece otra vez. Vaya un poco más despacio, a ver si me entero.
-Que sí, agente, que es muy fácil. Que me han robado. Que me han hurtado al descuido. Que me creía arropado por mis pertenencias; al menos yo creía que eran mías; incluso había algunas que no tocaba desde hacía años. Pero el caso es que ahora ya no tengo ninguna.
-¡Pero detalle, haga el favor! ¡Detalle! (gesto a la italiana, agitación comunal de los dedos de una mano).
-Pues verá, si hay que empezar por lo que no echo de menos, yo habría jurado que antes tenía una bandera, una Marcha Granadera que por lo menos me servía para despertarme y apagar la tele. Las compartía con amigos que las sobrevaloraban, creo yo, aunque jamás discutimos que nos pertenecían a todos. Y de repente veo mi morada allanada por un grupo de exaltados que me dice que no, que todo era suyo, que se lo entregue, que ellos sí saben para qué valen. Yo lo hice.
-Siga. ¿Qué más?
-Imagínese. A mí me han hablado muy mal de esa gente, de modo que intenté aplicar el protocolo para estos casos. Pero cuando voy a sacar mi kit de memoria y cultura resulta que otro grupo de indocumentados lo había secuestrado. Igual que los anteriores, querían llevarse mi bagaje aduciendo que también era suyo, que yo sólo lo tenía en usufructo. Les repliqué que con mi individualidad no se jugaba, agente, le juro que intenté resistirme. "Lo toma o lo deja", contestaron sin mover un músculo.
-¿Puede mencionar a alguno de los implicados en el contubernio?
-Ah, pues sí que puedo. Sí que puedo, agente. Tome nota: José María Aznar López. Mariano Rajoy Brey. José Luis Rodríguez Zapatero. Víctor Manuel San José Sánchez. María del Pilar Cuesta (a ésta la conocen por su alias). Joaquín Ramón Martínez Sabina...
-Por fin un poco de concreción. Dígame cómo se llama usted y cerramos la denuncia.
-Maldita sea, oficial, usted no me ha escuchado. Ése es el problema, ¿no ve que ya no me acuerdo?
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miércoles, 22 de octubre de 2008
viernes, 10 de octubre de 2008
Desde el asilo de Arkham
Las correas de la camisa de fuerza sostendrán mi carne, pero mi deteminación es libre; casi puedo verla revoloteando contra estas paredes sucias, acolchadas contra la furia de locos que sí lo estuvieron antes que yo. Las drogas casi me han hecho olvidar cuándo me atraparon. Pero no van a doblegarme. Las gotas de sudor que no puedo limpiarme, mi realidad clínica y descalza y el maldito neón intermitente del techo me recuerdan todavía por qué estoy aquí. Si lo olvido algún día estaré bien muerto, sí señó. Lo último que necesito ver ahora es un espejo. Las niñas buenas van al cielo, las malas a todas partes. Ja.
Tampoco hace tanto que empecé a pensar en el verdadero sentido de la convivencia. Un día, cansado de sentir cada mañana el gusano de una tristeza extraña y anónima empañando la felicidad que había alcanzado, decidí que yo también podía cambiar las cosas. Empecé a escuchar a mis semejantes hasta que tuve material para escribir varias novelas utópicas. En ellas hablaba del mundo que había visto. En él, la religión mayoritaria arremetía contra ciertas opciones sexuales cuando sus pastores practican el celibato, la única realmente contra naturam. Fuera de estos muros, los artistas no existen porque salir a buscarlos resulta caro a una industria con poder para fabricarlos. En ese mundo, los terroristas logran, tirando a matar, que las democracias falsas se retraten recortando sus libertades. Allí, la familia es la base de una sociedad llena de niños solitarios, de niñas que piden operaciones de estética como regalo de fin de curso y donde importa más, en fin, la apariencia que el cariño. Fuera, el entretenimiento se concibe como un circo de miserias donde lo único que importa es compararse en lugar de aprender, para justificar un día más lo inútil, mediocre, sumiso y escandalosamente caro que resulta confundir madurez con tragaderas. Un día, me detuvieron y dijeron que yo era el loco. Me encerraron y me sedaron. Y me dijeron que me callara.
Por ahí viene la enfermera. Al principio me parecía que estaba buena, pero ahora sé que no es nadie fuera del fetiche masculino de su uniforme. Hostia puta, y menuda jeringuilla trae.
viernes, 3 de octubre de 2008
Año 2057

-Cuentme otra d ts istorias, buelo.
-Vaya, hombre. ¿A qué viene esto? ¿No tienes nada que hacer hoy?
-Si pro ya sabes q halucino con tus kosas. Hablame sbre tus antiwas libertades.
-Apaga primero los monitores y empieza a contar. Y no hagas como la última vez, que casi te saltas los cinco minutos. ¿Quieres ver de qué poco sirve el bastón de tu abuelo contra doce policías?
-OK. Como era aqulla de la colacion politica?
-Corrección. Se llamaba corrección política y fue un arma sutil de degradación del sistema, que tenía sus fallos pero no era tan malo después de todo. Si lo pienso bien, el error fue nuestro. Nos dejamos arrastrar por la pereza y el desánimo.
-Pro d q iba lo d la colacion?
-Se trataba de sustituir el miedo físico a las personas que dominó la segunda mitad del siglo XX por el psicológico al rechazo. Poco a poco, los políticos y los medios fueron reinventando tabúes con la excusa del progreso e inculcando miedos nuevos que minaran los motivos para el debate, la sátira, la contestación...
-Q raro ablas, buelo. Pr ejemplo?
-Je, recuerdo una nochevieja en que España se partió de risa con un chiste que decía "Mi marido me pega".
-N t metas cn eso, buelo.
-Luego fue el tabaco; la estructura educativa se desmoronaba mientras a los próceres les preocupaba esconder las revistas para adultos; las noticias jugaban al despiste interesado; algunas "enfermedades sociales" que siempre habían existido se reforzaban al venderse en los periódicos con un nombre nuevo. Se reorientó el pensamiento en distracción, el amor en horas extras; si alguien moría, sus méritos laborales solían preceder a los humanos. La religión mayoritaria se enrocó en su cómodo elitismo y las demás recuperaron su beligerancia medieval; todo eso fue a más en lugar de a menos, en contra de lo que la ciencia esperaba. El Estado ocupó, como buscaba, cada esfera de la vida de los ciudadanos. Debimos imaginarlo, viendo a nuestros líderes declararse constantemente los más demócratas.
-Ya toi knsado, buelo, m voi. M das $?
-¿Otra vez? ¿Para qué?
-Pra gasolina. Hoi ns vamos d copas y luego a bscar mendigos. Bye, buelo.
-Adiós, Reguetón (¿Qué habrá querido decir con buscar mendigos?).
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