Lo reconozco, en realidad tengo las mismas taras que ellos y cometo sus mismos pecados. Si no, no sería de recibo que me fijase, como suelo hacer, en las mismas tonterías que ellos; en la misma superficie frívola e infecta de la moralidad, en esa capa de la vida privada que debiera ser indiferente en estas atalayas del siglo XXI, pero que el peso de nuestra historia reciente nos cuelga todavía como una costra repelente de emociones mal gestionadas, mal entendidas, malgastadas.
Pero al lío chanante: Catholic.net ofrece en su página unos sabios consejos contra el vicio de Onán, sobre todo con vistas a evitar el cáncer de próstata. Recomiendo que pinchéis en el enlace, para disfrutarlo como Dios manda (nunca mejor dicho), pero os adelanto algunas cosillas. Y no, ya os adelanto que no hay errata alguna:
*Hay maníacos sexuales que buscan el placer una y otra vez por sí mismo, y caen, como los drogadictos, en el círculo de una insaciable repetición, con el fin de superar en cada nuevo intento, las incesantes frustraciones.
*La masturbación hecha costumbre da por lo general seres psíquicamente replegados sobre sí mismos, especialmente incapaces de elevarse a un auténtico amor sexual.
*El vicio de la masturbación es causa de muchos fracasos en los estudios y en el deporte. Esto lo saben muy bien los estudiantes y los deportistas.
Y ojo, que ahora viene el capítulo de National Geographic:
El vicio de la masturbación lleva a la eyaculación precoz en el matrimonio
No es inteligente considerar la masturbación como algo natural, pues causa una serie de trastornos en el adolescente.
Lo reconozco. Preocupándome, sorprendiéndome con estas cosas, soy como ellos. Dios, haz de mí un hombre mejor.

El infiennnnno es lo que te espera, chavá. El infiennnnnno
Creo que me estoy volviendo loco. Voy a acostarme, pero sin tocarme ni un pelo. Mañana os cuento.